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Preparados para el futuro: ciencia, curiosidad y el poder de indagar

Preparados para el futuro: ciencia, curiosidad y el poder de indagar

Por:  Adrián Álvarez Escamilla
Colegio Americano de Puebla

Soy docente de STEAM - Innovación en la primaria del Colegio Americano de Puebla, una institución del Bachillerato Internacional (IB) ubicada en la ciudad de Puebla, México. Imparto clases desde primero hasta sexto de primaria. En tercer grado, dentro de la Unidad de Indagación 3 del currículo del Colegio Americano de Puebla, teníamos como objetivo principal trabajar el método científico. Esta unidad forma parte de How the World Works, una unidad de indagación que busca que los estudiantes comprendan los principios naturales que rigen el mundo, desarrollando habilidades de pensamiento crítico y científico.


Este ciclo escolar, mis estudiantes de tercer grado vivieron una experiencia científica que jamás olvidarán. Trabajamos el método científico de una forma práctica, divertida y llena de misterio: creando un fluido no newtoniano. Justificamos este experimento porque está directamente relacionado con la exploración de los estados de la materia, los cambios físicos y las propiedades de los materiales. Desde el primer momento, les lancé el reto como si fueran jóvenes científicos del siglo XXI. Les dije: “Quien logre aplicar correctamente el método científico para obtener la fórmula exacta del fluido no newtoniano, ¡ganará el Premio Marie Curie!”. Imagina su emoción.


Durante seis semanas, con la ayuda de diferentes worksheets, exploraron paso a paso el proceso científico: observar (analizar el comportamiento del fluido), preguntar (por qué cambia su estado), predecir (qué pasaría si cambian las proporciones), investigar (buscar información y realizar pruebas), inferir (sacar conclusiones basadas en sus resultados) y comunicar (presentar sus hallazgos al grupo). Cada equipo formuló hipótesis, midió, comparó, experimentó y analizó datos con gran concentración.


La experiencia consistió en crear un fluido no newtoniano —una mezcla de agua y almidón de maíz (conocido como maicena en México)— que cambia de estado dependiendo de la fuerza aplicada: a veces se comporta como líquido y otras como sólido. En segundo grado ya habían realizado este experimento para observar cambios de materia, pero esta vez el desafío era distinto: debían indagar la receta perfecta, descubriendo cuántos gramos exactos de almidón de maíz y cuántos mililitros de agua eran necesarios para obtener el fluido ideal. Ajustaban cantidades, debatían entre ellos y trataban de entender el fenómeno desde una perspectiva científica. Fue ciencia en acción.


Como incentivo, prometimos que el equipo ganador de cada grupo recibiría una carta estilo Premio Nobel junto a una figura impresa en 3D de Marie Curie. Además, entre todos los grupos, elegimos a un alumno o alumna que destacara por su esfuerzo excepcional: él o ella recibiría una figura más grande como reconocimiento. Mandé a imprimir las figuras durante clase para que vieran que el premio era real, lo cual los motivaba aún más.


En un grupo, todas las fórmulas habían fallado. Como aún quedaba tiempo, les di cinco minutos extra para revisar sus ideas. La mayoría de los equipos comenzó a agregar almidón y agua “al ahí se va”, como decimos en México. Sin embargo, un equipo no se desesperó; revisó cuidadosamente su investigación, reflexionó y decidió una cantidad exacta que iban a agregar. Esa acción confirmó que habían aplicado el método científico de principio a fin. Ese equipo fue el ganador. Porque no solo entendieron el método… lo vivieron. Y para mí, como profesor, eso es prepararlos verdaderamente para el futuro: ayudarles a descubrir que pueden cuestionar, indagar, fallar, volver a intentar… y brillar.

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