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Uno más uno es TRI

Uno más uno es TRI

By:  Fernanda Zarandona Trejo
School:  John F. Kennedy The American School of Querétaro

Al inicio de mi vida estudiantil, me parecía que enseñar se daba de uno hacia muchos. Una voz enseñaba y las otras escuchaban. A veces y con suerte, se volvía un diálogo breve entre dos, pero no era común. Afortunadamente, mi experiencia con el aprendizaje no se quedó ahí, y supe después que enseñar-aprender, en el fondo, es un fenómeno mucho más complejo y vivo, como intuía entonces. Ahora como pedagoga, y en especial de algunos años para acá, encontrarme con el modelo de co-teaching, desarrollado por Friend y Cook, me ha mostrado la magia que ocurre cuando una tercera presencia irrumpe y transforma las dinámicas y dimensiones del aula. Enseñar así, en TRIangulación, pasa de ser transmisión y se vuelve encuentro, porque TRI no es una mera alusión al prefijo numérico sino una forma de pensamiento: la conjugación de voces, ángulos de perspectivas y presencias que hacen posible que el aprendizaje no se cierre, sino que más bien circule. Distintos autores como Rogers, Dewey, Hooks, Illouz, —entre otros mucho pensadores en esta línea, plantean que el aula puede convertirse en un espacio de verdadera libertad y democracia cuando se sostiene en la participación, el diálogo y la presencia compartida; para mí esto es el core del modelo de co-teaching y coincido plenamente, porque me consta que cuando dos docentes habitan el aula en verdadera equidad, lo que emerge no es duplicación y caos sino ciencia y presencia: una red viva donde las miradas, las decisiones y las intervenciones se cruzan y se potencian.

Cambiar paradigmas implica soltar ciertas seguridades, pero también es abrir espacio a algo más fértil, en este caso; una inteligencia colectiva que no se puede controlar del todo, y es precisamente por eso que transforma. Tras 12 años de experiencia docente, este es el primer ciclo que ejerzo el rol de co-teacher, y tanto la observación como la práctica —más que la teoría, me han mostrado de frente las grandísimas bondades de esta dinámica. No es casual que, siendo TRIata, mi forma de entender el mundo esté atravesada por lo compartido, dado que para mí lo TRI nunca ha sido ni un número ni una teoría, sino una experiencia vital: la certeza de que el sentido rara vez nace en singular. Y más allá de lo personal, lo que aparece en el aula con este modelo es una estructura realmente distinta. Una en la que se diluyen las jerarquías rígidas y, por puro modelaje, cae casi sin hacer ruido la conocida oligarquía infantil; esa dinámica social donde unos pocos niños concentran la voz y el poder simbólico del grupo, promoviendo así la segregación y el bullying. En su lugar surge algo interesante: una organización más abierta, más móvil, inevitablemente TRI por sus múltiples entradas al conocimiento, múltiples formas de participación, y múltiples formas de ser y estar.
Hay clases, por ejemplo, que una maestra explica mientras la otra rescata las voces de los niños documentándolas; hay otras que dividimos el grupo y rotamos como en un pequeño triatlón intelectual; y en otros momentos, co-construimos al frente y modelamos también cómo se ve rebotar ideas con la ligereza de quien sabe que pensar también puede ser un acto compartido. Y en ese espacio TRI —de tribu, de triangulación, de encuentro, enseñar y aprender dejan de ser actos solitarios. Creo que la verdadera revolución en la enseñanza se esconde en la anatomía de un solo verbo: con-tribu-ir. Y así, entre dos —y con ellos, logramos algo cercano a tener tres pares de ojos para ver lo evidente, lo invisible y lo que todavía no aparece.